Feria de Málaga 2015, una experiencia 100% «Typical Spanish»

Un año más, Málaga se viste aún más si cabe de luz y de color para celebrar su Feria, el evento más destacado del año de la ciudad andaluza. Desde Destinos Experienciales tuvimos la suerte de poder disfrutar de esta gran experiencia, donde los tópicos de la vida y cultura española se elevan a su mayor exponente, sin miramientos ante la ostentosidad y el inconfundible aire flamenco que se respira en sus calles empedradas. La rutina diaria de los malagueños se paraliza durante una semana y todos, sin excepción, viven en las calles el espíritu de la Feria, desprendiendo alegría sin medida al son de las sevillanas.

Desde el inicio de la mítica calle Larios hasta el Recinto Ferial, la vista se nos alegra con los farolillos colgados a lo largo de la ciudad, los colores inconfundibles de la feria, y los innumerables paisanos vestidos con sus trajes andaluces, esperando todo el año para lucir sus mejores galas flamencas.

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Flores en el pelo, abanicos por doquier, biznagas malagueñas, bares y terrazas llenas, farolillos, música y sobre todo, buen ambiente y gente encantadora….es la esencia de la Feria de Málaga, no hay otra igual.

De vez en cuando, los verdiales se arrancan con algunas de sus famosas canciones en mitad de la calle, formando pequeños corrillos que se paran a escucharles y a bailar al son de Málaga. Así, de repente, no hay timidez en las caras de los miles de visitantes, que se dejan contagiar por el desparpajo único de los malagueños, quienes inundan la Feria, te sacan tu mayor sonrisa y te reciben con los brazos abiertos.

Para comenzar un típico día de Feria, nada como desayunar en uno de los bares más famosos de la ciudad, el Café Central, que formando parte de esta semana única en el año, siempre mantiene intacta su esencia. Para acompañar el “pitufo”, o como diríamos en Madrid, la típica barrita de mermelada o aceite, no puede faltar el café, el cual tienes que pedir al estilo malagueño, a fin de que te entiendan y te lo puedan preparar a tu gusto. El mío es el “mitad”, ¿y el tuyo?

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Ya hemos desayunado y, con la flor en el pelo aunque sin vestido de flamenca (el próximo año no puede faltar) empezamos la mañana en la Plaza de la Constitución bailando, o al menos haciendo el intento, unas sevillanas. Da igual que sepas o no, las risas y el buen humor están asegurados.

Pero la Feria no sería lo mismo sin llevar siempre a mano una botella del famoso vino Cartojal, típico de Málaga que se vende en cualquier rincón de la ciudad y cuya inconfundible botella de color rosa despunta y tiñe las calles. Su sabor dulce y su incondicional vasito como complemento exigen que se beba muy frío, por lo que no nos queda más remedio que tomárselo rápido antes de que las altas temperaturas hagan estragos. Con lo cual, este bucle explica que todo el mundo, sin excepción, se arranque a bailar unas sevillanas y lo que le pongan a partir de cierta hora de la mañana, después de hacer el “esfuerzo” de evitar que se enfríe nuestra botella de Cartojal.

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Y cómo obviar la comida, el olor de la inconfundible gastronomía andaluza hace que durante todo el día te vayas deleitando con el aroma a pescaíto frito, jamón, vino…y un sinfín de delicias a las que nadie puede resistirse. Para ello, desde Destinos Experienciales os recomendamos, como parte incondicional de esta experiencia, comer o cenar en el lugar por excelencia de Málaga. La Bodega del Pimpi, un lugar mítico visitado por innumerables artistas y celebrities de talla internacional que, en su paso por la ciudad, dejan huella en este enclave único y singular. Desde el primer momento ya te quedas boquiabierto perdiéndote entre sus esquinas y descubriendo sus diferentes salones repletos de historias y anécdotas, decorados con miles de flores, farolillos y fuentes al estilo puramente andaluz.

Y para los más sibaritas, también recomendamos visitar la terraza del Hotel AC de Málaga, para disfrutar de las mejores vistas de la ciudad y, si tenéis la misma suerte que nosotros, cruzarte con los toreros vestidos con su traje de luces dispuestos a salir a faenar aquella tarde. Una experiencia poder desear en persona suerte al Maestro mientras termina de consagrar su suerte en un murmullo de oración a los santos de su devoción.

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En definitiva, si algo he aprendido en la Feria de Málaga es que por muy españoles que seamos y por muy familiarizados que estemos con nuestros tópicos, nunca dejan de emocionarnos las experiencias de nuestra cultura y el compartir buenos momentos con nuestros paisanos, porque el hacerte sentir como en casa es algo que muy pocos destinos han logrado conseguir. En este sentido, Málaga no sólo lo logra año tras año, sino que se supera cada vez y consigue que todo aquel que visite una vez la Feria, se vaya deseando volver.