Experiencias en el sur de Francia. ROCAMADOUR

En esta ocasión, no quería dejar de contar en nuestro storytelling uno de mis últimos viajes a Francia. Pero no la Francia cosmopolita ni lujosa que podemos ver en ciudades como París o Lyon. Hablo de la Francia profunda, su cara más desconocida cuya belleza y singularidad no tiene nada que envidiar al encanto de las grandes urbes.

En este increíble viaje, realizamos un recorrido por el sur del país, visitando diferentes regiones y pequeños pueblos medievales con un encanto y un estilo único a la par que acogedor. El primer emodestination que visitamos y que ya forma parte nuestros corazones viajeros fue Rocamadour. En el corazón del Parque Natural Regional de los Causes du Quercy y a un paso del Gouffre du Padirac, surge una tierra de leyendas y emociones. Ciudad de vértigo, suspendida entre acantilados, Rocamadour es un destino cuna de peregrinaje y uno de los lugares destacados de la provincia de Lot, en la región de Midi-Pyrénées, y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Rocamadour

Para acceder la mejor forma es en vehículo propio, ya que por la zona interior de Francia las carreteras secundarias son bastante estrechas y con muy poca frecuencia de transporte público. Además, como alternativa a las grandes autopistas francesas, sin duda merece la pena sumergirse en aquel paisaje verde impoluto, salpicado de pequeñas aldeas y viñedos, que conducen al destino con un encanto singular y de una forma única.

Tanto es así, que personalmente me impactó cómo, desde Brive, tras aproximadamente 40 minutos de trayecto en coche, aparece de repente entre las montañas, como colgando de un acantilado, uno de los pueblos más bellos que he visto jamás. Un efecto sorpresa capricho de la naturaleza cuyo paisaje se ve dominado por su imponente castillo y, a sus pies, el hermoso Valle del Dordoña.

La ciudad, de época medieval, fue edificada en niveles superpuestos sobre la propia ladera de la montaña, de tal forma que se encuentra prácticamente suspendida sobre un cañón por el que discurre el río Alzou, en un equilibrio perfecto. Las casas parecen formar parte ya de la roca que cae desde la meseta calcárea, y eso le dota de una atmósfera inigualable que ya desde la Edad Media suscitaba admiración y atraía, desde el S.XII, a peregrinos de toda Europa. En este sentido, cabe destacar su alta connotación religiosa como destino de excepción dentro del Camino de Santiago. De hecho, el pueblo de Rocamadour guarda las reliquias de Saint-Amadour y es un santuario venerado de la Virgen Negra.

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Tras aparcar a los pies del pueblo, la única forma de acceder es subiendo unas interminables escaleras que conducen a la puerta del Figuier y que da a la calle Couronnerie, la única de Rocamadour animada y llena de pequeñas tiendas con lo más típico de la zona. La ciudad de Rocamadour, salpicada de puertas fortificadas y calles de estilo medieval, no sólo destaca por su importancia religiosa. También cabe resaltar su gastronomía, con el famoso Rocamadour AOC, un queso de cabra pura típico de la ciudad de textura suave, cremosa y, os confirmo de primera mano, realmente delicioso. Igualmente, no se puede dejar pasar la oportunidad de degustar sus vinos, también de elaboración propia, y el pastel de nuez, producto típico de la zona que además se encuentra muy ligado a la célebre Ruta de la Nuez.

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A continuación, nos encontramos con otra escalera monumental de exactamente 233 peldaños, que asciende hasta el corazón de Rocamadour y las cuales, opcionalmente, los peregrinos pueden subir de rodillas realizando su propio viacrucis, hasta llegar a una explanada en la que se agrupan, protegidas bajo la roca, siete antiguas iglesias. Destaca sobre todo la capilla de Notre-Dame, inmersa en una gruta, donde pudimos contemplar la imagen venerada de la Virgen Negra, cuya efigie de madera nogal desprende una fuerza espiritual sorprendente. Un aspecto sepulcral digno de las más grandes devociones religiosas.

capilla Rocamadour

Finalmente, la subida a pie culmina con unas impresionantes vistas de Rocamadour, donde nos pudimos percatar de la esencia del lugar, y que es descrito por sus propias gentes como: “las casas sobre el río, las iglesias sobre las casas, las rocas sobre las iglesias y el castillo sobre la roca”. Una ciudad sagrada inmersa en la roca llena de emociones y experiencias que merece la pena descubrir, al menos, una vez en la vida.