Enoturismo en FINGER LAKES, Nueva York.

La fiebre de Baco ha llegado para quedarse, y más en Nueva York. Finger Lakes, una región situada a cinco horas en coche de la gran ciudad, es conocida por su producción de vino considerándose la alternativa más original para aquellos aficionados al enoturismo que ya hayan probado la experiencia vinícola de California. Salvaguardando la importancia de California como primer destino de enoturismo de Estados Unidos, lo cierto es que en Nueva York se produce el 3,5% del vino del país y en sus 400 bodegas se generan un impacto de más de 4,8 millones de dólares en la industria vinícola.

Remontándonos al origen del enoturismo en el país, la cultura del vino en Estados Unidos comenzó cuatro siglos atrás, cuando los misioneros españoles decidieron crear las primeras plantaciones vinícolas desde tierras mexicanas y extendiéndose hasta el norte de California. Sin embargo, la repercusión internacional del enoturismo en Nueva York no tuvo lugar hasta la década de los 70, cuando la zona de Finger Lakes comenzó a tener cierta importancia y se generaron las primeras dinamizaciones turísticas, hasta el día de hoy en el que la región ha adquirido una gran relevancia como motor para el turismo experiencial.

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Finger Lakes debe su nombre a la disposición de sus once lagos, cuya forma parece imitar los dedos de una mano que se funden en los paisajes que rodean el lago Keuka, el Seneca y el Cayuga, entre otros. De entre sus especialidades, destaca el vino Riesling y el Gewurztraminer, dos variedades que no hay que dejar de probar si vas a Finger Lakes junto con el Cabernet Franc y el Pinot Noir. Degustaciones únicas y emociones diferentes tanto para el principiante como para el más conocedor del mundo del vino, mezclándose las sensaciones de olor y sabor en un ambiente rural que recuerda a la vieja Europa.

El paisaje dominado por los lagos ha dotado a Finger Lakes de unas condiciones climáticas únicas en el mundo que hace madurar las uvas a la perfección produciendo vinos totalmente endémicos y con un sabor especial e inconfundible.

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Acompañando las visitas guiadas en las bodegas y las degustaciones de vino, en finger Lakes se pueden disfrutar de una amplia variedad de eventos relacionados con el enoturismo, contando con actividades que van desde excursiones por los campos vinícolas, paseos en helicóptero y un sinfín de experiencias que hacen de esta región un lugar muy especial, con una gran riqueza natural y cultural propia de un auténtico emodestination.

En este sentido, me gustaría destacar algunos museos, tales como el Museo del Vidrio de Corning, el Museo de Arte Arnot o el famoso museo Rockwell de Arte Occidental. y para los que buscan un mayor contacto con la naturaleza, disfrutarán sin duda de bellos parques como Watkins Glen , que con sus impresionantes diecinueve cascadas, invitan a pasar un maravilloso día de acampada para olvidarse del mundo y vivir una experiencia sin precedentes.

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Y como no podía ser de otra manera, un buen vino ha de ir acompañado de una buena comida. Por eso, en Finger Lakes tampoco faltan los excelentes restaurantes que ofrecen a los visitantes la carta completa de vinos combinados con la comida local. Gastroturismo en estado puro que hace las delicias de cualquier paladar. Definitivamente, Nueva York es una ciudad que no se cansa de amarse a sí misma, creando incluso su propia etiqueta vinícola, y haciendo de “Vinos de Nueva York” una denominación de origen que abre un nuevo espacio de venta a los miles de visitantes que recibe anualmente la región de Finger Lakes.